Gracias a todos por la buena onda que tiraron por su anterior texto en el msn (podrian postearse un comentario para variar sucias ratas)…
En fin, Jueves al mediodia, un nuevo texto para deleitar la vista de Fede Mondongo!
Peor, ¡mi cuñado!
Cuál?: el esposo de mi hermana o el hermano de mi esposa.
Sin intentar hacer el camino del absurdo, nuevamente intento ubicar en mi mente un relato que se relacione con mi presente y que, de alguna manera, se acerque a otras experiencias.
Y sólo se me cruza un emblemático personaje que, supongo, en algún momento todo hombre ha tenido y tiene en sus cercanías: el cuñado.
Del latín “cognatus”, el hermano del cónyuge o el cónyuge de la hermana (no olvidarse de poner una “u” entre la “g” y la “e”; este personaje cumple casi una función esencial en nuestras vidas.
Es el tipo que te mide y cual francotirador busca el tiro certero que termine con tu nueva aventura o es el piolin que cual “cafishio” sabe que con tu hermana, o su hermana, hace negocio.
En todo caso es alguien que en tu vida podrá ser el tipo más gamba y también el más odiado y que, además, te hará ganar nuevas enemistades. O acaso tu hermana en algún momento no te criticará por tus malos modales ante el nuevo “pariente” o por las “pocas bolas” para romperle la cara por el engaño.
Y que no te toque como cuñado un Sportacus y sepas que de por vida el personaje de Robbie Rotten te cae encima sin pedírselo a nadie.
En mi caso, uno de ellos es un caso para perder y ronda por mi vida sin habérselo pedido. Con educación cercana a Dios, el exegeta resulta insoportable. El otro en cambio, criado en barrio y con educación popular, esta casi cercano de ganarse el cielo.
Mientras uno vive de mandar a la gente en cana, el otro anda subiendo escaleras metálicas que le permitan, por un lado, zurcir los cables de una empresa eléctrica y, por otro, alejarse de las puteadas de los vecinos que nunca van a entender que el laburante no es el que los deja sin luz.
Mientras uno de ellos aprovecha los primeros rayos de sol para salir a pasear su fino perro, reafirmando diariamente su pertenencia al club de los “vecinos cagas veredas”, el otro ni siquiera puede sacar la perra a la vereda porque en “El Palihue” te la abotonan aunque la lleves en el bolsillo.
Y para no extender un relato que podría enriquecerse con otras comparaciones, espero que mi cuñado sepa que lo detesto y que no voy a olvidar sus malas acciones: desde el hacerse el nabo por los gemidos que vienen de la pieza de al lado pero que a la otra mañana te lo factura de sotana, hasta coimearte sacándote el auto para dejarte con la tierna sólo o tirándote la manga sobre un billete que , vos sabes, tiene viaje sólo de ida. Desde el que te odia por peinarte a la santa hasta el que te goza de sotana porque sabe cuantas peinadas tiene su ninfa-hermana y vos, pobre nabo, caes con el anillo para tu Teresa de Calcuta.
Y en verdad, a esta altura del relato ya no sé a quién me estoy refiriendo: si al esposo de mi hermana o al hermano de mi esposa. En todo caso ambos son responsables de algunas de mis experiencias y cuales “Sisifos” cargarán a diario con la roca de tener como esposas a minas insoportables (el hermano de mi esposa y el esposo de mi hermana) lo que demuestra cuán poco inteligentes han sido a la hora de elegir yunta.
Tal vez, si en vez de ir pergeñando daños para futuros cuñados, hubieran extrapolado los cuerpecitos, gestos y actitudes de sus noviecitas en lo que se les presentaba como suegras, no tendrían que andar bofiando por el mundo.
Y jodánse por ser “Carlitos” (no es peyorativo) los dos se llaman así.
Yo no me fijé tanto en Uds. sino en mi suegra, y grs. al Barba disfruto de mi esposa.
Fede Mondongo
Espero lo disfruten tanto como yo al leerlo.
¿Alguien más se le anima a la escritura?
